Rincalda

Aprender a elegir paleta de colores para paredes salón con este curso

Paleta de colores para paredes de salón elegida paso a paso en un piso de alquiler de Murcia

¿Qué diferencia real hay entre copiar un salón entero que viste en una pantalla y elegir un color porque sabes cómo se va a comportar en tu propia pared? Llevo tiempo dándole vueltas a esa pregunta desde que empecé a contar aquí mis líos de diseño de interiores y decoración en este piso de alquiler de Murcia. No tengo una paleta de colores de salón que recomendar a ciegas — tengo dos maneras muy distintas de llegar hasta el color final, probadas las dos entre las mismas cuatro paredes, y prefiero ponerlas una al lado de la otra antes que darte una receta.

Antes de seguir, un aviso rápido: algunos enlaces de este texto son de afiliada, así que si acabas apuntándote a un curso a través de ellos me llevo una comisión pequeña y a ti no te cuesta nada extra. Lo menciono porque uno de los dos caminos que comparo aquí pasa justo por ese curso, y prefiero que lo sepas desde el principio.

Dos formas de plantarse frente a una pared en blanco

La primera vez que encaré este salón no tenía ningún método, solo carpetas guardadas de salones ajenos que me gustaban sin saber muy bien por qué. La segunda vez tenía un curso a medias y ganas de no repetir el mismo lío. Entre una manera y otra hay una diferencia que no va de gusto, sino de dónde sale la decisión: de una pantalla que no es tu casa, o de la pared que tienes delante.

Hay quien esto le sale solo, sin pensarlo. Virtudes, una amiga del barrio que vive un par de portales más abajo, acierta con la proporción de un mueble o un color a simple vista y encima no sabe explicar por qué lo ve tan claro — se lo he preguntado paseando por El Malecón, mirando las fachadas del otro lado del río Segura, y siempre acaba encogiéndose de hombros. A mí no me sale así. Ahí está, para quien no tiene ese ojo de fábrica, la diferencia entre ir aprendiendo el color muestra a muestra a base de tropezones y verlo explicado de un tirón dentro de un curso: dos formas de llegar al mismo sitio, pero no al mismo ritmo ni con el mismo número de paredes estropeadas por el camino.

Copiar un tablero entero no funciona en un piso real

La versión sin método fue así: guardé un tablero entero de Pinterest, de esos con decenas de fotos de salones que no se parecían nada entre sí salvo en que a mí me gustaban todas, y quise trasladarlo tal cual a mi salón sin pararme a mirar qué luz entra aquí de verdad. No fue un desastre de un solo color mal elegido — fue algo peor, un cúmulo de decisiones que por separado tenían sentido y juntas no encajaban con nada, porque ninguna estaba pensada para esta habitación en concreto, sino para las de otra gente.

Tablero de Pinterest impreso junto a muestras de pintura sin adaptar a la luz del salón

Tardé en aceptar que ese era el problema real, no la falta de gusto ni la mala suerte con las muestras de pintura. Aquel tablero mal copiado fue, en el fondo, la prueba de que decorar paredes color beige en un piso alquilado no se resuelve solo con buenas fotos de referencia. Como inquilina tampoco podía permitirme ensayar sin límite: hay pintura pensada para devolverse a un blanco neutro sin líos con la fianza cuando llegue el momento de irme, y esa fue otra cosa que empecé a mirar antes de decidirme por un tono, no solo el color en sí.

La luz real del salón decide la paleta de colores, no la tendencia

Me apunté a un curso de Diseño de Interiores y Decoración del Hogar Profesional [Recomendado] porque quería dejar de improvisar, no porque tuviera intención de dedicarme a esto — sigue siendo un hobby, no un plan de carrera. Lo que más se me quedó no fue una lista de colores de moda, sino algo más básico: mirar primero la luz que tienes, no la que te gustaría tener.

Carta de colores profesional comparada con la luz de la tarde antes de pintar el salón

Aprendí a fijarme en el punto focal del salón, ese sitio hacia donde va la vista nada más entrar, y en cómo un color puede reforzarlo o taparlo sin que te des cuenta. Para quien quiera ir más allá de decorar su propio salón, dentro de ese mismo terreno está el MÁSTER en Diseño y Decoración de Ambientes y Espacios Interiores, pero para mi lío concreto de pared beige y ventana pequeña, con el curso básico tuve de sobra.

Mi salón tiene una única ventana, no muy grande, que da a un patio interior y que solo deja entrar luz de verdad por la tarde. Un tablero pensado para salones con ventanales enormes y sol de mediodía no tenía por qué funcionar aquí, por bonito que estuviera en la pantalla. Cambiar la luz artificial también contaba, aunque esa parte la dejo casi entera para mi experiencia para mejorar la iluminación — aquí me quedo con que la luz ambiente de las bombillas y la luz de la pared tienen que ir de la mano, no cada una por su lado.

Ventana pequeña del salón con luz de tarde, punto de partida real para elegir la paleta de colores

Aplicar el 60-30-10 sin copiar el tablero de nadie

La lógica de proporción que más se repetía en el curso era fácil de recordar, aunque no tan fácil de aplicar: un color dominante para la mayor parte de la pared y los volúmenes grandes, un color secundario para muebles y textiles, y un color de acento reservado para los detalles pequeños. En mi salón, el dominante acabó siendo un blanco roto con un matiz grisáceo, apoyado en las paredes de yeso que ya tenía de fábrica; el secundario fue un lino natural para las cortinas y para un mueble grande que no pensaba cambiar; el acento, un verde salvia que metí en un par de cojines nuevos.

Recuerdo que, al sacar las fundas de esos cojines de la bolsa la primera vez, olían todavía a plástico de tienda, nada que ver con cómo huelen ahora puestas en el sofá — un detalle tonto, pero de los que notas cuando por fin dejas de improvisar y empiezas a fijarte en lo que tienes delante.

Nada de esto sirve de mucho si luego los muebles cortan el paso por la habitación — el flujo de circulación del salón pesa casi tanto como el color, aunque esa es otra conversación — ni si te obsesionas con encajar en un estilo decorativo concreto en vez de mirar lo que ya tienes. Pensar el salón por zonas antes de mover un solo mueble ayuda más de lo que parece. Tampoco hace falta que todo pase por la pintura: quien no puede pintar tiene revestimientos adhesivos reversibles para las zonas más castigadas, y quien todavía duda del tamaño de una alfombra tiene su propia regla que evita el error más típico. Yo, de momento, me quedé en la pintura y los textiles.

Moodboard de la paleta 60-30-10 con lino, cojín verde salvia y muestra de blanco roto para el salón

Si quieres profundizar en cómo encaja todo esto dentro de una estancia completa, tengo aparte unas claves del diseño de ambientes interiores para renovar mi propio salón con más detalle del que cabe en esta comparación. Fuensanta, una lectora que escribe desde Valencia, me suele mandar fotos de su propio salón cuando duda entre dos tonos, buscando algo con lo que compararlas antes de decidirse. Creo que hace exactamente lo correcto: comparar antes de comprometerse con un color es casi siempre mejor idea que fiarse de una muestra de cinco por cinco centímetros bajo la luz de una tienda.

Cuándo copiar una idea funciona (y cuándo no)

Copiar un tablero entero funciona si la habitación que vas a pintar se parece de verdad a la de las fotos: orientación parecida, ventanas parecidas, muebles parecidos. Si no se parece, lo único que copias es el problema de otra persona. En un piso real, con una ventana pequeña y luz de tarde en vez de luz de estudio fotográfico, conviene partir de lo que ves en tu propia pared antes de mirar lo que vio otra persona en la suya. Ese cambio de orden, y no ningún color en concreto, fue lo que marcó la diferencia entre el primer intento y el segundo.

Hace poco vino una visita a casa y, nada más entrar, comentó que el salón olía bien — sin que hubiera ninguna vela comprada de por medio, solo la habitación tal cual está ahora. Fue una señal más clara de que algo había cambiado de verdad que cualquier comentario sobre el tono exacto de la pared.

Salón terminado con la paleta de colores definitiva entre blanco roto, lino y verde salvia

No sé si este salón acabará algún día en una revista, ni me hace falta. Sé que dejé de fiarme de tableros ajenos y empecé a fiarme de mi propia ventana, y que el curso de Diseño de Interiores y Decoración del Hogar Profesional [Recomendado] fue lo que me dio el empujón para hacerlo de forma ordenada, no la varita mágica que arregló el salón por mí.

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